Posteado por: alexrchies | marzo 21, 2010

Tres puntos y gracias

El Real Madrid salió a especular en el Bernabeu, algo dificil de entender a estas alturas de la temporada y, sobre todo, sin tener muy claro cuál era el plan a seguir contra el Sporting. Los de Preciado, en cambio, tenían clarísimo su papel y de no ser por la irracional forma de jugar madridista (demasiado habitual, por otro lado), se hubieran llevado algún punto del feudo blanco.

Durante la primera parte, Granero demostró que todavía no está preparado para suplir a Guti, aunque apunte maneras. Era un partido excelente para el canterano para dar un golpe sobre la mesa con un rival débil y un público entregado. No obstante, por alguna misteriosa razón no acaba de integrarse en el grupo. Su juego es demasiado lento, demasiado pausado (igual que le pasaba a Guti en sus inicios) y deslumbrado por tantas estrellas parece tener miedo de sacar toda la técnica que demostró en el Getafe. Como no espabile, puede seguir el camino de Gago (que nunca ha llegado a explotar).

El Sporting se plantó en el Bernabeu con las ideas claras y una táctica muy definida, encerrando al Madrid en el centro del campo (lo que ya hacen los blancos de forma natural) y saliendo con velocidad al contraataque. La apuesta funcionó a la perfección y, con los blancos casi inoperantes en ataque, el Sporting se adelantaba en el marcador por mediación de Barral.

A partir de ahí, la habitual reacción madridista. El equipo se rompe y acude a la épica, resurgiendo con una potencia, una presión y una pegada que muy pocos equipos en Europa son capaces de repeler.

No obstante, olvidándonos del resultado (un 3-1 muy engañoso) la realidad es que el Madrid tácticamente fue desastroso, antes y después de Guti. Todos los jugadores, abanderados por Ramos, tratan de conseguir el pase interior y la jugada genial (como ya dejó caer Guti tras el partido contra el Lyon) y eso genera múltiples pérdidas de balón que desconciertan y cansan a los madridistas y animan a los rivales. Desde la dirección técnica se debería obligar a los jugadores a ser más disciplinados y a tratar de jugar fácil (de momento, sólo Albiol y Garay parecen contentos en ese rol). Es bueno tratar de sorprender de vez en cuando pero si siempre intentamos lo imposible, además de fallar habitualmente, dejamos de contar con el factor sorpresa.

Si nos fijamos a lo largo del partido en las tomas aéreas, podemos ver con claridad que el Madrid no tiene dibujo táctico sobre el campo. Lass no tiene clara cuál es su labor (¿pivote defensivo en la banda?). Xabi y Guti mueven bien en largo y al hueco pero no hay hueco si Marcelo o Arbeloa no suben las bandas, Higuain y Benzema desbordan en velocidad pero, si no hay contraataques, los centrocampistas se les echan encima y deben jugar de espaldas a la portería. Van der Vaart y Kaká necesitan más espacio en el centro del campo pero si los interiores suben y la defensa del rival está adelantada se forma una gigantesca torrija con cinco jugadores blancos más los defensores rivales en la frontal del área.

Ronaldo se deja caer a la banda (normalmente la izquierda) y ahí es donde surge el 80% del peligro de los blancos (sobretodo si le apoya Marcelo). La otra banda, casi siempre es inoperante. Existe un desequilibrio demasiado grande y Pellegrini no tiene a los hombres necesarios para cubrir los huecos que quedan en el campo. El empuje de Ronaldo y Van der Vaart es fundamental así como las constantes rupturas de Marcelo y la certera finalización de Higuain. Como resultado, el Madrid sobrevive a base de latigazos y la pegada de sus mejores hombres.

La realidad es que el “equipazo” que tiene el Real Madrid y que se vendió a principio de temporada no es ni siquiera un equipo. Ni por mal rollo entre jugadores, ni por ineficacia de Pellegrini como tratan de vender los medias. Es simplemente un equipo muy mal planificado en cuanto al tipo de juego que quiere desplegar y los jugadores de los que dispone.

Zidane lo dijo a principio de temporada. El Madrid necesita empezar sabiendo que tipo de fútbol quiere desplegar, encontrando su identidad y, a partir de ahí, empezar a construir un equipo. Florentino sigue empecinado en su política (muy buena en la empresa y muy mala en fútbol). Hay que estudiar bien la forma de jugar de los jugadores que se fichan para saber si su estilo de fútbol encaja y es compatible con el resto.

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